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Ensayo sobre la Lectura

La lectura y yo siempre hemos mantenido una relación amor-odio, pero sin llegar nunca a la ninguno de los dos extremos. Aunque, por lo anterior parezca que no ha tenido una gran influencia sobre mí, os puedo asegurar que la lectura ha marcado mí vida.

Toda esta historia empieza muy pronto, cuando yo apenas tenía 4 años, y empieza bien. A esa edad acabé y entendí, con la incansable ayuda de mi madre, mi primer libro: Le Petit Prince. Quizás no fuera el primer texto que leía, pero si el que más me marcó. También, puede que no fuera el libro más aconsejable para un niño de esa temprana edad, pero bastó para que así lograra entrar en el selecto club de lectores. Todavía sueño con algunas de las desventuras del Principito.

Parecía que seguiría el camino de mi madre y sería un gran aficionado a la lectura, pero el destino tenía otros planes para mí e hizo que me desviara. A los seis años entré en este

colegio y lo hice con unas bases previas que no fueran las adecuadas (Poca habilidad en la lectura y ni idea de euskera en un modelo B). Pronto me puse a trabajar duro y poco a poco me puse al nivel de los compañeros en la mayoría de las asignaturas, a excepción de la lectura. Es por esto por lo que tuve que asistir a clases de apoyo y al psicopedagogo.

Todo apuntaba a que podría llegar a tener algún tipo de dislexia, pero el especialista les dijo lo siguiente a mis padres: “Al parecer su hijo tiene una especie de descoordinación: cuando lee en voz alta, sus ojos y su mente van considerablemente más rápido que lo que él dice; y esto provoca que se trabe tanto al leer, puesto que hace una lectura como de memoria. Irá desapareciendo con el tiempo”. Por esto mismo intentaba leer las cosas más y más rápido, pensando que de este modo dejaría de trabarme. No era así, ya que lo único que conseguía era dejar de prestar atención a las palabras y por ello hasta hace poco, los adjetivos “Paternal” y “Doctorial” gozaban de pleno sentido en mi cabeza unidas a las palabras “Control” y “Tesis”.

Una vez superado este “pequeño” bache, empezaba otra etapa de mi vida, que haciendo un símil con mi educación, diré que fue la E.S.O. Por culpa de lo ocurrido en el párrafo anterior, la lectura se había convertido en un esfuerzo para mí, y por ello me negaba a practicar salvo que fuera imprescindible. Me irritaba bastante leer libros que supuestamente me harían “disfrutar”, cuando eran libros literarios de difícil comprensión que trataban temas que no se asemejaban ni de lejos a mis problemas e inquietudes. No entendía como había compañeros míos que fueran capaces de pasarse  horas y horas delante de unas hojas de papel y concluyeran diciendo que esos libros les transportaban a otros mundos, donde se sentían cómodos. Quizás por esa razón, orienté mi necesidad de lectura hacia otros géneros, textos que a mi juicio fueran funcionales y de utilidad, empezando a leer revistas de divulgación, libros académicos y diferentes periódicos.

Ahora creo que empiezo una nueva etapa en mi relación con la lectura. Puede que gracias a la filosofía ahora veo la lectura como una parte imprescindible del lenguaje. Siendo el lenguaje una forma de saciar la necesidad del ser humano de comunicarse con los que le rodean. De este modo entiendo mejor la existencia de novelas, poemas, cuentos, etc. Espero que con el tiempo, haya otras etapas en las que desarrolle un mayor interés por la lectura y encuentre el camino del  que quizás nunca debí salir.De momento, soy de los que piensa que no hay peor ladrón que un libro malo y en mi vida me he encontrado con muchos… “labrones”.

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Comentarios en: "Ensayo sobre la Lectura" (1)

  1. El día del Padre, mi padre:

    El día del padre, 19 de marzo es una fecha muy señalada en algunas familias. Sin embargo, como todos los años, los hijos hemos ido dejando y dejando los regalos para el último momento. Entonces salimos “disparados” en la búsqueda de un detalle más que un regalo para aquél que nos dio la vida. Basta con algo que nos llame la atención o que nos guste, ya que su función es recordarle a nuestro padre que le queremos y mucho. También es cierto que detrás de este tipo fiestas “inventadas” está el puro marketing, que busca que compremos cosas sea cual sea la razón.

    Desde siempre, el marketing ha estado presente en muchas de las fiestas que celebramos, tales como San Valentín, Halloween o las mismas Navidades. Además, la gran demanda existente por parte de los consumidores es aprovechada por las empresas, que no dudan en inculcarnos la idea de que comprando sus productos nuestro padre se sentirá más orgulloso de nosotros.

    Pero eso no es lo importante. En este día el padre es el protagonista y absolutamente todas las atenciones están dirigidas a él. El 19 de marzo se debe agradecer en la medida de lo posible lo que los padres hacen y han hecho por nosotros día tras día. También, he de decir que el padre resulta figura irremplazable en el crecimiento y desarrollo de todo niño, ya que nos inculcan unos valores, una forma de ser y también una base a partir de la cual debemos construir nuestra vida. Por otro lado, cabe destacar que la importancia del día del padre ha mermado en los últimos años. Quizás esto se deba a que en algunas comunidades este día ha dejado de ser festivo.

    En mi opinión, el día del padre es el momento idóneo para dar gracias a nuestros padres por querernos, por cuidarnos, por esos momentos inolvidables compartidos a su lado y ante todo para recordarles que les queremos y que siempre lo haremos.

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